El destino final de la producción de alimentos es el consumidor. En la actualidad, el consumidor es plenamente consciente de la incidencia que tiene la alimentación en su estado de salud. Ello se debe a los importantes progresos científicos al respecto y a su amplia divulgación. La sociedad ya no solo exige alimentos sabrosos y nutritivos, sino que demanda productos saludables (más allá del concepto nutricional clásico), seguros (“Riesgo 0”) y de fácil preparación.
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) aboga por un nuevo enfoque global de la cadena alimentaria que requiere soluciones basadas en avances científicos y nuevos desarrollos tecnológicos.
La producción de alimentos seguros requiere una gestión adecuada de los recursos. Es necesario además asegurar al consumidor la trazabilidad del producto, con el objeto de determinar, en el origen, la relación causa/efecto de un posible problema detectado en alguna etapa de la cadena alimentaria.
Los alimentos funcionales representan la vía para hacer llegar a la salud de la población los avances en Biología Molecular, Biomedicina y las nuevas ciencias emergentes como la Nutrigenética y Nutrigenómica, que se están produciendo en los últimos años y aquellos que, previsiblemente de extraordinaria importancia, se incrementarán en los próximos. Desde este punto de vista, los alimentos funcionales son probablemente la herramienta más importante que tendrá la Ciencia de la Nutrición en el futuro, una vez que se haya avanzado suficientemente en las bases sobre las que debe apoyarse su diseño.
Por otro lado, los progresos de las nuevas tecnologías físico-químicas y biológicas de control deben aportar nuevas capacidades al control on-line de la producción alimentaria en todas las etapas de los procesos tradicionales y nuevos.